Inundolandia (II) / En la opinión de Felipe de Alba

Por Felipe de Alba

Las inundaciones son un elemento esencial, más una normalidad que una anomalía, de la vida en las ciudades contemporáneas. Las inundaciones son parte de esta vida intensa, incierta, sobre todo, densidades mal planificadas. El valle estaba “inundado” hace 500 años por cuatro lagos, después fueron desecados y ahora se traía agua para surtir a la ciudad … de distancias de más de 100 kilómetros!

Por si eso fuera poco, agréguesele a la ecuación la “anomalía” de las inundaciones que ocurren en cada época de lluvias. Las consecuencias son cada vez mayores, las afectaciones a la vida y al ritmo de la ciudad son evidentes.

El centro de la problemática relacionada con este fenómeno, en parte meteorológico, en parte por saturación y la abundancia las lluvias, así como por una infraestructura vieja, que se hunde y mal planificada. Todo ello explica en muchos sentidos la frecuencia de inundaciones en la ciudad capital de este país, tal como se afirmaba la semana pasada.

Hemos dicho en la ocasión anterior la necesidad de estrategias de interconexión, de cooperación entre las instituciones responsables de compartir, de atender, de evitar las inundaciones en la ciudad y su zona metropolitana.

No es un problema estrictamente del manejo de redes primarias o redes secundarias, por tanto, no es un asunto del tráfico que producen las inundaciones, el satura miento de las vías en esos momentos de crisis.

Tampoco es un problema exclusivamente de la infraestructura hidráulica, de las redes de agua y de drenaje, aunque el carácter antiguo (alrededor de 50 años) y el desbordamiento de su capacidad, son elementos esenciales en la mayoría de los análisis que los expertos hacen al respecto.

La edad y el deterioro de la infraestructura de drenaje, un sistema que tiene el episteme ingenieril de “evacuar todo”, de sacar todo del valle de México y que funciona desde hace siglos, con modificaciones menores.

Cuando se trata de una ciudad cuya infraestructura tiene más de 50 años y que la ciudad y su metrópoli crecieron más de 10 veces, es importante, mejor dicho, es evidente que la infraestructura no puede mantener ese ritmo de crecimiento.

Aunque existen desde siempre trabajos de gran profundidad, el hecho esencial es que cada año las temporadas de lluvia muestran hasta qué punto dicho sistema de “evacuación” es insuficiente a todas luces.

Difícil de encontrar alguna solución inmediata, difícil también de hacer un diagnóstico que no pase por el reconocimiento de la necesidad de una muy fuerte inversión, que por el contrario, no parece ser “redituable” políticamente.

En primer término ¿Hasta qué punto, la infraestructura, elemento esencial del futuro sustentable de la ciudad, tiene solución?

En segundo término ¿hasta qué punto el paradigma del seguir desecando los mantos freáticos y rompiendo el ciclo del agua con la evacuación de la lluvia va a sostenerse? Eso lo trataremos en la siguiente tercera entrega

Felipe de Alba, Doctor en Planeación Urbana, con estancias de investigación en MIT (EEUU) y ENS(Francia). Ha escrito  varios libros y más de 50 artículos en revistas internacionales sobre medio ambiente, recursos naturales y ciudades. Es investigador del CESOP, en la Cámara de Diputados, e investigador SNI 1.

Las opiniones emitidas en esta columna son responsabilidad de quien la escribe y no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.

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